EN NÚMEROS ROJOS

Bodegas Rioja Vega-59; Zornotza ST-52 Parciales: 20-11, 16-14 (36-25); 14-16 (50-41), 9-11 (59-52) Este domingo el Zornotza caía en Logroño y se coloca en números rojos: más derrotas (5) que victorias (4) en nuestro balance. Una situación no únicamente incómoda, sino también preocupante, que nos coloca al borde de la A-2, con una sola victoria […]

Bodegas Rioja Vega-59; Zornotza ST-52
Parciales: 20-11, 16-14 (36-25); 14-16 (50-41), 9-11 (59-52)

Este domingo el Zornotza caía en Logroño y se coloca en números rojos: más derrotas (5) que victorias (4) en nuestro balance. Una situación no únicamente incómoda, sino también preocupante, que nos coloca al borde de la A-2, con una sola victoria más que los equipos que cierran la tabla. Una situación que hace mucho que no conocíamos, acostumbrados como estábamos a residir en las plantas más nobles de la clasificación en las últimas temporadas.
Y existen motivos para esa preocupación más allá de ver lo que vemos mirando esa clasificación. Preocupa la trayectoria de las últimas seis jornadas en las que sólo hemos ganado un partido. Preocupa el juego, pobre y desangelado, del partido ante el Bodegas Rioja Vega. Un partido triste como una tarde lluviosa de domingo.
Ambos equipos nos jugábamos mucho; nosotros, evitar la caída libre que llevamos, y ellos, reaccionar para salir del agujero, justo en una jornada en la que todos los colistas ganaron. Los nervios, quizá, nos afectaron a todos, pero el Clavijo fue mejor, acertó más, o falló menos, y el Zornotza no estuvo a la altura del rival. Ni de sí mismo. En el Palacio de los Deportes de La Rioja los verdes estuvieron desconocidos, sin mostrar sus señas de identidad, sin alegría, sin correr a campo abierto ni acertar con los triples. En otras derrotas habíamos tenido serias opciones de ganar, pero ante los riojanos fuimos a remolque y apenas les inquietamos.
Porque los locales tomaron el mando en el juego y el marcador desde el inicio. Sin llegar a adquirir rentas abismales, pero dado el tipo de partido que era, de tanteo rácano, cualquier pequeña diferencia ya era importante. En plena jornada electoral, si las canastas de este encuentro hubiesen sido urnas y los balones papeletas, la abstención habría sido mayoritaria, porque pocas veces pasó la pelotita por el aro. Nosotros hicimos un 35% en tiros de campo (19/55), con 5/24 en triples (21%). Así es muy difícil pretender ganar. Estuvimos desacertados en todo, pero sobre todo fuimos incapaces de imprimir el ritmo marchoso que nos gusta, incluso volver el partido loco, que tantas veces nos ha dado resultado. Esta vez no, esta vez nos faltó chispa. Se intentó, claro que sí, pero no era nuestro día. El tiro exterior no funcionaba, así que buscamos la pintura, con pases al interior o con penetraciones desde fuera, pero no había manera de lograr anotar con fluidez. Y los logroñeses, piano, piano, sin tampoco andar excesivamente finos, se ponían por delante.
Juego trabado y al tran tran, basket control. Unos términos que no se nos dan nada bien. Y así, en unos días de intensas lluvias, el Zornotza padece una sequía terrible. El 20-11 con el que finaliza el primer cuarto resultará a la postre decisivo, porque no conseguiremos reducir esa desventaja salvo en contadas ocasiones. Por ejemplo, al arranque del segundo período con un 0-5, pero responden los locales y a cinco minutos del descanso estamos diez abajo, 28-18. Damos otro tironcito, venga que se puede, y nos plantamos a tres, 28-25. Puede ser el momento de dar la vuelta a la tortilla, pero se nos vuelven a apagar las luces y en más de tres minutos no anotamos. Al descanso, 36-25.
Nos quedaba el consuelo, y la esperanza, de pensar que luego de aquella primera mitad, era imposible empeorar. Y así fue: no empeoró. Lo malo es que tampoco mejoró. Simple y desgraciadamente, todo siguió igual. Las diferencias no dejan de moverse entre los ocho y los once puntos, nos esforzamos en acciones individuales, que son las que nos aportan los puntos, pero poco rendimiento sacamos de ellas, porque son más los errores que los aciertos. 50-41 a falta de los últimos diez minutos.
Mediado el último cuarto reaccionamos. Estamos jugando con dos bases para tratar de ordenar un poco las cosas, y estamos defendiendo bien (en siete minutos dejaremos en tres puntos al Clavijo). Todo ello unido a un triple de Corey Johnson y unas penetraciones de Pol Olivier nos acercan a un 53-49 que nos hace creer. Pero las precipitaciones y las pérdidas nos impiden completar la remontada. Aún quedará tiempo para algo de emoción en el último minuto tras otro triple de Corey. Pero entonces llega un carrusel de desatinos por ambos bandos y solo se moverá el marcador con una canasta local en la última acción del partido. 59-52. Feo marcador. Sobre todo, siendo nosotros los del 52.
Y así, de esta manera, hemos pasado de aquel ilusionante y estimulante 3-0 del comienzo de liga a este preocupante y peligroso 4-5. Hay que darle la vuelta a esto cuanto antes, porque la amenaza de la A-2 está ya aquí. El partido del próximo sábado en Larrea ante el CB Marbella se antoja no ya sólo importante, sino quién sabe si también decisivo. Los costasoleños son los colistas, pero vienen de ganar al UBU Tizona en el Carlos Cabezas, o sea, que ojito. Y si nos ganan, nos alcanzarían en la clasificación, o sea, que mucho ojo.
La cosa se ha puesto seria. Precisamente por eso el equipo debe volver a sonreír y disfrutar sobre la cancha. Esta situación se supera con el Zornotza alegre que conocemos. Y con la ayuda de nuestra afición. Así que este sábado todos a Larrea. Hay partido. Y qué partido.
1, 2, 3,…ZOR-NO-TZA!!!

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